LOS FARISEOS Y EL LADRILLO

El pensador Eugenio de La Palma, desde su pozo de ciencia me habló de los pelotazos urbanísticos, de los permitidos “negocios” de la vivienda y de los truquillos de Trujillo, la Ministra de los pisos. Oliendo a Semana Santa me contó de “un tal Nazareno, llamado el Mesías al que los jodíos de Poncio “el Pelota”, un viernes de la Pascua Judía, ajusticiaron entre dos ladrones por decirles a los escribas y a los fariseos lo que estos le aconsejaban que no dijera, aunque fuesen verdades como “ladrillos”. Después me habló de que, también ya por entonces, “el trato de los gobernantes con algunos empresarios más que de favor era y es de fervor”. Antes del adiós incidió sobre los abusivos precios de la “vivienda” y me recordó: “A los fariseos ni hablándoles en parábolas se daban por aludidos”… De los escribas o intérpretes de la ley, ni te cuento.

El pajarito Coñamón y sus secuaces