LLORAR PARA MAMAR

-“¡Una bendición del Señor!” –exclamó la piadosa madre cuando nació su tercer hijo. Dicen que el primer hijo lo cuida el médico, el segundo los padres y el tercero se cuida solo. Cuando el niño era un bebé (con acento en la última e) se bebía la teta materna con avaricia infinita. Lloraba para mamar y llorando sin cesar se convirtió en un buen mamón (de mamar). En el cole le dieron la cartilla para aprender a leer. Una de las lecciones era la de: “Mi mamá me mima, yo mimo a mi mamá”. Lo de mama, mamá o mamar hizo mella en su cabecita y en el futuro, su mente cada vez más demente, sólo albergó la meta de mamar sin pensar que la teta no era sólo suya. Ahora es mayor, es político y sigue llorando para mamar (¡el muy mamón!). A los llorones mamones se les ve a la legua. Uno de mis secuaces me dice que un día de estos va a empezar a llorar a ver si de una puñetera vez mama... aunque sólo sea unos chupetones. “Mi mamá me mima...”.

El pajarito Coñamón y sus secuaces