Microscopi:

Las pequeñas grandes cosas

En la más celebre de sus novelas ,Hemingway nos habla de un viejo pescador que salía todas las mañana en su bote y llevaba tres meses sin coger un pez. Un muchacho le había acompañado los primeros cuarenta días, hasta que sus padres le ordenaron salir en otro bote con más fortuna. Pero el viejo había enseñado al muchacho a pescar desde niño, y el muchacho no lo olvidaba.
-Yo podría volver con usted. Hemos hecho algún dinero.
-No -dijo el viejo-.Tu sales en un bote que tiene buena suerte. Sigue con ellos.
Entristecía al muchacho ver al viejo regresar todas las tardes con las manos vacías, y siempre bajaba a ayudarle a descargar los aparejos. Un día propuso al viejo tomar una cerveza en el puerto, y estuvieron charlando.
-¿Puedo ir a buscarle sardinas para mañana?
-No. Ve a jugar al béisbol.
-Si no puedo pescar con usted, me gustaría ayudarle de alguna forma.
-Me has pagado una cerveza-dijo el viejo-.Ya eres un hombre.
Después marcharon juntos camino arriba hasta la cabaña del viejo.
-¿Qué tiene para comer?- pregunto el muchacho al llegar a la cabaña.
-Una cazuela de arroz amarillo con pescado. ¿Quieres un poco?
-No comeré en casa.
El muchacho sabía que no había ninguna cazuela de arroz amarillo con pescado.
-Déjeme traerle cuatro cebos frescos.
-Uno- dijo el viejo
-Dos replico el muchacho.
-Dos acepto el viejo-.¿No los habrás robado?
-Lo hubiera hecho. Pero estos los compré.
-Gracias dijo el viejo con sencillez.
Los sentimientos y la complejidad que nos envuelve nos hace, a veces, ignorar las pequeñas cosas que a la vida le dan un gran valor.
La política o las opiniones, para la semana que viene.


 


José M. Izquierdo
(PSC)