UN OMBLIGO ATRIBULADO

Paco, un secuaz me dejó dos revistas de La Codorniz, “La revista más audaz para el lector más inteligente”. Leí en una de ellas, marzo 1956: “¿Por qué no se limita la ganancia de los constructores?” En abril 1956 insistía: “¿Por qué no se aplazan las obras no imprescindibles hasta que hayan viviendas para todo el mundo?” Era complicado escribir en aquella época en la que los “cultos censores” caían en las redes de algunos articulistas que ponían las palabras: “teta, culo y caca” para que los salvaguardas de la pureza del espíritu nazi-onal (perdón nacional) las quitaran dejando, sin enterarse, el mensaje. Vi anunciado el libro de Álvaro de la Iglesia: Todos los ombligos son redondos y sigo preguntándome: ¿Hay unos ombligos más redondos que otros? ¿Para qué sirve el ombligo? Hay una canción que lo resume: “Pa qué tenemos ombligo / le dijo Juan a Enriqueta / pa recoger la pelusa, mi vida / que deja la camiseta”. A algunos no les sirve ni para eso.

El pajarito Coñamón y sus secuaces