EL TONTO DEL PUEBLO

Lo dijo Baltasar Gracián: “Son tontos los que lo parecen y la mitad de los que no lo parecen”. Hace años, en sus inicios, la librería Cabraboc ofrecía unas charlas literarias. Uno de los contertulios, el escritor Paco Candel, nos contó allí lo del tonto del pueblo. Un corro de gente se mofaba de él cuando, al darle un duro, el tonto contestaba eufórico: “¡Es una peseta, es una peseta!”... Y se quedaba siempre con la moneda. Un día alguien, con buena fe, le quiso aclarar que estaba equivocado y el tonto le respondió: “Ya sé que no es una peseta, pero como diga que es un duro se me va acabar el negocio”. La historia de Paco Candel me transportó a cómo describió el tema en verso un escritor yeclano:

“Me llaman el tonto,
el tonto de mi lugar,
todos viven trabajando
yo vivo sin trabajar.”


Antes siempre había uno al que llamaban el tonto del pueblo. Ahora con la democracia esto ha cambiado.

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