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Anchura de Alma

En estos últimos veinticinco años el marco político general ha cambiado. Tenemos una constitución que reconoce nacionalidades y regiones como componentes del conjunto del Estado. Nos movemos en una estructura estatal articulada en autonomías y organizada por sus correspondientes gobiernos. Estamos mejor que estábamos, eso casi nadie lo pone en duda. Con todo, hay algo que es previo a cualquier constitución o a cualquier normativa legal, y que es anterior incluso a cualquier solución política satisfactoria para el conjunto de pueblos que configuran España. Me refiero a la anchura de alma - esa la deberíamos tener todos -, no tanto para aceptar un estado de cosas bajo el imperativo de la lógica y de la obligación, sino para abrazar de corazón toda la vitalidad diversa y estimulante que brota del ser de los distintos pueblos y culturas que configuran la piel de toro.
Hay que anticipar el día en que los centinelas de la suerte futura de la lengua castellana lo serán también, con el mismo celo e incluso con la misma pasión, del Catalán, del euskera y del gallego, y no lanzaran ya mas manifiestos y campañas populares, porque se habrán convencido de que ninguna persona sensata quiere eliminar el castellano de Catalunya, ni de Euskadi ni de Galicia.
Hay que anticipar el día en que los ciudadanos españoles se percaten de que el catalán , aun siendo un idioma modesto, es la lengua viva de millones de hombres y mujeres, con la que han aprendido los nombres de cada cosa, en la que expresan su visión del mundo y con la que se ayudan para aprender otros idiomas de Europa.


J.M. Izquierdo (PSC)