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Biografía irreal ¿incompleta?
Nació en la Miña Terra. Un punto sin confirmar es que fuera
alrededor de unos criaderos de percebes. El cura que le bautizó,
aquel día, llevaba una “cope” de más, cosa que
influyó en Marianito a lo largo de su vida. En el colegio él
repartía el juego. La pelota era suya, se la había registrado
en propiedad, vocación que ejerció luego como profesión.
El dueño del balón decía cuándo se jugaba,
cuándo no y quién. La excepción estaba si el niño-dueño
era gordo y patoso porque entonces estaba condenado a ponerse de portero.
Un día Marianito perdió la pelota, por pardillo, o por los
consejos obstinados de dos colegas a los que todavía sigue viendo.
Por volver a tener "su" pelota era capaz de cualquier cosa.
Cuando le entraba el capricho de jugar no le dejaban y cuando le dejaban
él no quería. Buscó firmas por clases, pasillos y
patios para volver a ser dueño de la pelota... El juego seguía.
Un día me dijo uno del CESID: "Quien tiene la información
tiene el poder"... Con la pelota pasa lo mismo.
El
pajarito Coñamón y sus secuaces |