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La Rebaja en las rebajas |
| Era tan corta de estatura aquella señora que la apodaron “la Rebaja”. Su afán acaparador le llevaba a ocupar siempre uno de los primeros puestos en la parrilla de entrada en los grandes almacenes cuando llegaba el tiempo de oportunidades. Un día, “la Rebaja” fue a las rebajas con la ilusión de comprarse un abrigo blanco y salió con una cacerola, dos sartenes, un destornillador con recambio que no necesitaba y diez cosas más que nunca supo para qué servían, pero estaban de oferta y eran baratas. Del abrigo blanco que ella ansiaba le sobraban cinco palmos y, viendo venir que sus vecinos la bautizarían con el sobrenombre de “la Fantasma”, no lo compró. Pensando en su esposo, en la vecindad y en los políticos, se dijo: - “Sólo los fantasmas creen en los fantasmas”... y recordó que, al llegar a casa, tenía que ver el truco que su marido había adoptado para dejar de fumar. Él no estaba, pero vió encima de la mesa el paquete de tabaco con la foto de la suegra pegado en él. - “¡Fantasma!” - exclamó ella - “Si lo sé me compro el abrigo y te doy un susto”. El pajarito Coñamón y sus secuaces |