Un gusano en la nariz

El semáforo estaba rojo. Un conductor hurgaba en su nariz buscando no sé qué. En un banco, una madre y su hijo esperaban sentados. El niño también se hurgaba en la nariz. "¡Es listo!"- dije. La madre con orgullo preguntó: "¿El niño?". "No -contesté-, el bicho que no lo pilla ni a tiros”. Volví mi vista al semáforo. Miré los colores: rojo, naranja, verde y recordé cómo aplicaba un amigo a la faena el método del semáforo: el ROJO era STOP; evitar respuesta al momento. El NARANJA era PENSAR; siempre hay alternativas, aunque te presionen respetarán más una solución bien meditada aunque esperen un poco. El color VERDE era el de las RESPUESTAS POSITIVAS: si necesitaba tiempo lo decía aunque retrasara la decisión final, al menos demostraba tomarla seriamente. Me gustó el método del semáforo. Levanté la cabeza. El indicador estaba en rojo. Otro conductor en su coche y otro niño en el banco. Los dos con las mismas aficiones se lo estaban tomando en serio y evitaban respuestas rápidas... La "faena" se lo impedía.

El pajarito Coñamón y sus secuaces