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Agua

De acuerdo con los principios de la economía clásica, una cosa tiene valor en función de los usos que de ella se esperan y una cosa cuesta en función de su rareza. Así el pan vale mucho porque es -o era- la base de nuestro sustento, pero cuesta poco, porque la harina es abundante y, por ello, relativamente barata. Este juego esta regulado por la ley de la oferta y la demanda, y es el que estamos acostumbrados a ver aplicado a la actividad económica que nos rodea: durante las Navidades, cuando todo el mundo quiere marisco a la vez, las ostras cuestan el doble (a pesar de que, de hecho, valen lo mismo que en Marzo).
Los problemas ambientales tienen mucho que ver con todo ello. El aire, el agua, el suelo, el espacio, el paisaje, la diversidad faunística y florística son bienes abundantes y, por consiguiente de costo escaso, incluso nulo. Además, durante largo tiempo, ni siquiera sabíamos ver en ellos valor alguno. De modo que todos esos factores ambientales apenas si tenían valor a los ojos de la mayoría, y en cualquier caso no presentaban costo alguno. ¿Quien iba a preocuparse, por lo que pudiera ocurrirles?.
Tomando como ejemplo el caso del agua. En España, el agua es demasiado barata. Esta afirmación seguro que escandaliza a muchas personas, pero es exacta. De hecho, el recibo del agua es mucho más bajo que el de la eletricidad, el gas, o el teléfono fijo, o móvil, por ejemplo. En términos de costo, ¿qué diferencia sustantiva existe entre una turbina de agua generadora de energía eléctrica, y mandar kilovatios a la línea de suministro, o situar el agua en los domicilios de los consumidores?, por no hablar de las emisiones vía satélite. Es una pregunta deliberadamente provocativa, pero que tiene la virtud de denunciar un equívoco de fondo: el agua es un recurso valiosísimo y necesario relativamente escaso en nuestro país.
Los principios de sostenibilidad y responsabilidad con las futuras generaciones, el efectivo valor ecológico de este bien escaso, no son compatibles con las actitudes derrochadoras e irresponsables.
Y acordémonos que el vino, la cerveza, la Coca-Cola y hasta el tinto de verano, tienen agua, felices vacaciones.


Jose M. Izquierdo (PSC)