EL GATO QUE NO DIJO MIAU

Anochece. Para descansar me siento en uno de los bancos pintarrajeados que hay en la terraza del Mercacentre. Cierro los ojos y recuerdo, más o menos, una frase de Tagore: “Si de noche lloras por el sol, no verás las estrellas”. Pestañeo y veo dos grandes estrellas de madera con luces. Las pusieron para Navidad y aún están. ¿Son una premonición de que la obra del mercado es la estrella de las obras... de que nos van a “estrellar” con ella... de...?
Un gato se me acerca sin decir ni miau. Un político con la inmoralidad del 3% pasa y no saluda. El saludar es una sana costumbre perdida en el tiempo. El gato me garabatea con el rabo: “Político inmoral es aquel que se viste a destiempo, o sea, mientras él se pone las botas, el pueblo se aprieta el cinturón”. Le miro curioso. Él se queda quieto dibujando su silueta en la luna y me recuerda aquello de: “Quien se empeña en pegarle una pedrada a la luna no lo conseguirá, pero terminará sabiendo manejar la honda”. Calculé la distancia. El gato pensó: “Mal se pone el patio”
...Y se marchó sin decir ni miau.

El pajarito Coñamón y sus secuaces