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LOS
PERROS DE LOS POLÍTICOS |
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El
general y político ateniense Alcibíades tenía un
perro. El hortelano también. El perro del hortelano ni comía
ni dejaba; defendía a ladridos la finca de su amo. El hombre,
político de profesión, hizo fijo en plantilla al chucho.
Desde entonces el can no dijo ni guau. Un día el pueblo criticaba
a Alcibíades. El general, mirando al perro del hortelano, “cogió
una perra” y, volviendo a su mansión, se acercó
a su mascota. Era un chucho parecido al dogo alemán, tenía
una preciosa cola. Sin más ni más, con la espada, le dió
un tajo y el perro corrió aullando sin el rabo entre las patas.
La oposición política montó en cólera y
montó manifestaciones. Alcibíades dijo a sus íntimos:
-”Dejadlos, mientras hablan de la cola del perro no dicen cosas
peores de mí”. Alcibíades existió entre el
450 y 404 antes de J.C. En la actualidad otros Alcibíades siguen
cortando el rabo a sus perros. El pajarito Coñamón y sus secuaces |