-”¡Mamá,
el gel, la toalla...!”. El nene se estaba duchando. La madre le
llevó, como siempre, todo lo que el niño pedía.
-“¡Hijo, te crees el ombligo del mundo!”. El chaval
miró su ombligo y pensó en el primer hombre. “¿Por
qué tuvo ombligo Adán?” El padre, hasta el gorro
del enigma y del niño, se lo explicó así: -”Dios
hizo a Adán de barro. Cuando aún estaba hablando Adán
suplicó: ¡Señor, quiero tener una mujer!. Y Dios,
apretándole con el dedo índice en la barriguita, le dijo:
¡Ay, pillín, pillín! Después el papá
le contó lo del amigo maniático que, con un destornillador,
desmontaba lo que pillaba y que un día duchándose se miró
el ombligo, cogió el destornillador, empezó a desenroscar...
y se le cayó el culo. El padre exclamó:
-”¡Ocurrió en la ducha y no llamó a su mamá!”
El nene no se dió por aludido.
¿Se sentirá aludido el concejal de los nombres en las
calles si avisamos que la rambla de San Esteban esquina carrer Canigó
no está señalizada?
... ¡Mamá esconde el destornillador!
El
pajarito Coñamón y sus secuaces