UN DESTORNILLADOR EN EL OMBLIGO
(...Y los nombres, ¡en las calles! Cap. 30 menos1)

-”¡Mamá, el gel, la toalla...!”. El nene se estaba duchando. La madre le llevó, como siempre, todo lo que el niño pedía.
-“¡Hijo, te crees el ombligo del mundo!”. El chaval miró su ombligo y pensó en el primer hombre. “¿Por qué tuvo ombligo Adán?” El padre, hasta el gorro del enigma y del niño, se lo explicó así: -”Dios hizo a Adán de barro. Cuando aún estaba hablando Adán suplicó: ¡Señor, quiero tener una mujer!. Y Dios, apretándole con el dedo índice en la barriguita, le dijo: ¡Ay, pillín, pillín! Después el papá le contó lo del amigo maniático que, con un destornillador, desmontaba lo que pillaba y que un día duchándose se miró el ombligo, cogió el destornillador, empezó a desenroscar... y se le cayó el culo. El padre exclamó:
-”¡Ocurrió en la ducha y no llamó a su mamá!” El nene no se dió por aludido.
¿Se sentirá aludido el concejal de los nombres en las calles si avisamos que la rambla de San Esteban esquina carrer Canigó no está señalizada?
... ¡Mamá esconde el destornillador!

El pajarito Coñamón y sus secuaces