Un gato en la naturaleza

Me alejé del pueblo para abandonar al gato. Incivismo puro. Cuando regresé el minino ya había vuelto y me esperaba. Insistí. Crucé valles y montañas, atravesé ríos y llanuras para deshacerme otra vez del animal... y si no es por él no vuelvo a casa. Gracias a mi gato descubrí esa naturaleza, que cada vez más la están destruyendo y "construyendo" los negociantes sin escrúpulos. Recordé la profecía de los Amerindios Cree: "Sólo después de que el último árbol haya sido cortado; sólo después de que el último río haya sido envenenado; sólo después de que el último pez haya sido pescado; sólo después descubrirás que el dinero no se puede comer".
Mi gato me enseñó a amar la naturaleza y a disfrutar de lo que nos van dejando de ella. Dijo Utalh Phillips: "La Tierra se muere; la están matando. Y los que la matan tienen nombre y dirección"... ¡Y los gobiernos o "desgobiernos" tan panchos!
(A las calles sin nombre les damos un descanso. Después de las vacaciones: Captítulo 28).

El pajarito Coñamón y sus secuaces