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La capacidad
del ser humano por convertir las cosas más simples en verdaderas
y complejas obras es ilimitada. Y no me refiero precisamente a conceptos
técnicos, en los cuales generalmente no influyen apreciaciones
de carácter personal o ideológico.
Me refiero y como no podía ser de otra manera en este espacio,
a conceptos políticos, en los que las relaciones políticas
están desbordadas de matices, matices, que muchas veces representan
una mascarada hacia el receptor de la cosa política.
Podíamos divagar mucho y consensuar si es necesario el sexo de
los ángeles, si existen, y si no también, pero en temas
mucho más cercanos y de interés para el conjunto de los
ciudadanos en primer grado de consanguinidad política, eso ya es
otra historia.
Porque si hoy es sí, ayer fue no y mañana hasta para los
Agnósticos, es Dios dirá. Y la gran mayoría de los
políticos entienden, que esas actitudes entran dentro del concepto
de la política.
Nada más alejado de mi realidad y me remito de una forma simple,
pero que pienso que ejemplarizante a algunos conceptos, que en su espíritu,
se mantienen alejados de las practicas políticas. La ley de Régimen
General Electoral establece en uno de sus articulo (178) el número
de concejales que por población corresponde a cada uno de los municipios
y en los de población de 20.000 a 50.000 habitantes, como es nuestro
caso, le asigna 21 concejales. Que por voluntad del electorado, representan
a los diferentes grupos o coaliciones que concurren al proceso electoral
y que reflejan en la composición del Pleno Municipal, la pluralidad
ideológica o de afinidades de los ciudadanos.
Pero esos 21 concejales, con su voluntad manifiesta de promesa, juramento
o de imperativo (o sea, por que me lo imponen) de servir al ciudadano,
con sus retribuciones incluidas. No pueden, ni deben, auto-excluirse ni
ser excluidos, de su responsabilidad voluntaria en la mejora (subjetiva)
del conjunto de los ciudadanos que en un Mayo cualquiera depositaron su
confianza en ellos.
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José
Mª Izquierdo
(PSC)
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