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En política el triunfo personal depende en buena parte de la propia
elocuencia y de la capacidad de argumentación. Y de ello buena
prueba la tenemos en la antigua Grecia, Plantón, Aristóteles,
Tales y un largo etc. de filósofos griegos fueron un fiel reflejo
de ello.
En aquella época cualquier ciudadano podía proponer un asunto
para discutir en asamblea. De manera que cualquier discusión se
transformaba en un mítin y quien mejor hablaba se ponía
al público en el bolsillo. La realidad era que la democracia ateniense
era una oligarquía, en la cual los ciudadanos con derechos, que
no eran ni mujeres, ni esclavos, ni extranjeros, no llegaron a ser nunca
más de una cuarta parte de la población. En ese contexto
es fácil entender que el triunfo personal dependía en buena
manera de la elocuencia y de la capacidad de argumentación.
Cuenta una anécdota que Protágoras (filósofo griego)
maestro en esas líderes, ante su discípulo Evatlos escandalizado
por el precio que le pedía el maestro por un curso de oratoria,
intentó no pagarle. Por lo que Protágoras le replicó:
Querido Evatlos, no tienes ninguna salida, porque te citaré a juicio
(asamblea), si los magistrados no te dan la razón, tendrás
que pagarme, porque habrás perdido, pero si te dan la razón,
también tendrás que pagarme, porque habrás ganado.
Algo así ocurre hoy en la política local. Presentan una
moción y los "maestros" te dicen: " si no la apruebas
estas en contra del pueblo y si la apruebas, el mérito es nuestro."
El hospital comarcal necesita un amplio debate y un proyecto que contemple
los pros y los contras de su ubicación, accesos, volumen de usuarios,
vehículos de emergencias, horarios, especialidades etc.
Para que no nos pase como a Evatlos, estamos totalmente de acuerdo en
que es necesario ese equipamiento. Pero no convirtamos la política
sólo en oportunismo, elocuencia u oratoria. Es un tema tan importante
que debe de plantearse de forma consensuada y, dentro del ámbito
territorial que le corresponde.
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José
Mª Izquierdo
(PSC) |