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Picio y los nombres... ¡en las calles! (Capítulo 2º) |
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Iba
por el carrer dels Afores buscando la calle Magallanes, y la calle,
como otras calles, tampoco tiene placa indicativa. Una señora
que llevaba un niño me ayudó. Miré al niño.
Era feo, más feo que Picio. Picio existió. Fue un zapatero
granadino, de Alhendín. Vivió hace un “puñao”
de años. No dicen por qué le condenaron a muerte. Estando
en capilla le indultaron. De la impresión se le cayó el
pelo y sufrió increíbles malformaciones en el rostro.
Cuentan que al final de sus días le dieron los últimos
sacramentos con una caña larga... de miedo que tenía el
cura.
El pajarito Coñamón y sus secuaces |