El pasado jueves 10 de julio, nuestro
grupo Iniciativa per Catalunya Verds regresó a la escena política
de Ripollet.
Con una megafonía más que defectuosa, micrófonos
que no funcionan y aire acondicionado intermitente, este primer pleno
augura tiempos difíciles para la política local, si las
fuerzas políticas presentes, y en especial las de mayor representación,
no asumen la necesidad de cambiar de actitud, y de corregir esos vicios
adquiridos de demagogia por parte de unos y prepotencia por parte de
otros.
¿Qué credibilidad se merece el principal grupo de la oposición,
permitiendo que se aprobara la retribución del alcalde, por culpa
de la ausencia de su portavoz?
Por otra parte, sorprende su ambigüedad a la hora de defender una
legítima representación de su grupo en la Entidad Metropolitana
de Medio Ambiente (EMMA).
En cuanto a la actitud del PSC, seguimos sin entender porque se niega
tan rotundamente a votar cada punto del orden del día por separado.
El hecho de que en un mismo paquete se mezclen acuerdos
consensuados y puntos intocables, nos obliga a rechazar la totalidad
de los acuerdos.
También queda patente la falta de talante democrático
y participativo del equipo de gobierno, que excluye deliberadamente
de las negociaciones al principal grupo de la oposición.
Queda mucha legislatura por delante, y esperamos sinceramente que se
corrijan los vicios adquiridos en los últimos años por
unos y por otros.
Tenemos la oportunidad de crear nuevos mecanismos en la vida política
local, más democráticos y participativos, que más
allá de los intereses partidistas, beneficiaran al conjunto de
la población.