Llegada la hora de mi jubilación,
quiero aprovechar la oportunidad que me brinda esta revista para despedirme
de mis compañeros/as, padres y sobre todo de esos niños/as
que durante varios años han animado mi vida como enseñante.
Podía referirme a otros centros en los que estuve anteriormente
(Sabadell, Santa Perpètua), pero han sido los centros Anselm
Clavé y Enric Tatché de los que quiero despedirme de manera
especial.
De los compañeros de estos centros mencionados, por haberme soportado
durante estos años en que hemos compartido docencia, mis imperfecciones
e impertinencias (si las hubo alguna vez), ya que creo que más
bien intenté en todo momento hacer agradable nuestras reuniones.
Gracias por los buenos momentos y siempre os recordaré.
De los padres de alumnos, por su buena colaboración e interés
demostrado en pro de sus hijos y por haber sabido escuchar mis peticiones.
A ellos un abrazo y decirles que cuenten conmigo para cualesquiera de
los eventos que acontezcan en sus respectivos centros.
Y de mis niños y niñas que tantos recuerdos me dejan.
Me gustaría hacerlo uno por uno, pero me perdería en el
tiempo.
Intenté, y vosotros/as lo sabéis, hacer agradables nuestras
clases. Jugué con vosotros convirtiéndome en uno más.
Hoy llegada mi hora de dejar la docencia, quiero expresaros mi cariño
para siempre. Os recomiendo no perder el tiempo; respetad a vuestros
compañeros/as, a vuestros padres y profesores.
Haced que vuestras horas de clase se llenen de interés por aprender
cada día más y a buen seguro, el futuro os lo agradecerá.
Mientras yo os recordaré en todo momento y lugar, vosotros iréis
olvidando mi nombre, con el tiempo, otros profesores ocuparán
mi lugar. Cuando me veáis por la calle, no dejéis de saludarme.
El Pepe, vuestro amigo y profe Pepe siempre os llevará
en su corazón y en el recuerdo.
Un abrazo.